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Espacio de encuentro y diálogo promovido por el Grupo de Investigación y Reflexión Aplicada

2.11.06

Comentario del Mes - Octubre 2006

El comentario del mes trata sobre la pena de muerte y ha sido escrito por el RP. Gustavo Gutiérrez . Te invitamos publicar tus comentarios en este espacio.

1 Comments:

At 3:47 PM, Anonymous Alfredo Lindley-Russo said...

El comentario del autor es pertinente, pero me gustaría hacer algunas precisiones adicionales, que creo que podrían ser relevantes para poder tener acceso a una visión más amplia del problema y estar en capacidad así, de emitir un juicio de valor más sólido.

Mientras en el Perú discutimos acerca de la pena de muerte, el día de ayer (05 de noviembre) en Bagdad, se condenó a Saddam Hussein a morir en la horca, por la muerte de decenas de habitantes chiitas del poblado de Dujail, la norte de Bagdad; mientras este gritaba a voz en cuello “¡Larga vida a Irak, larga vida a los irquíes! Alá es más grande que el ocupante”... Hechos irrefutables y la demagogia que lo contradice, interactuaron –como casi siempre- el día de ayer en Bargdad. Hecho: Hussein liquidó multitudes (para nadie es un secreto). Demagogia: sus palabras intentan demostrar el justificante moral.

Hay cosas que son innegables. Las discusiones dogmáticas, se remiten en última instancia a fundamentarse en la fe. Pero los hechos de la vida real, no pueden ser desconocidos. Nos guste o no, la pena de muerte existe en varias partes del mundo. Podremos, sobre la base de ciertas creencias e ideologías, estar o no de acuerdo, pero la pena capital, seguirá vigente, hasta que la legislación respectiva cambie.

Desde el otro lado de la orilla, en los países como el nuestro, la pena de muerte no existe (salvo para situaciones específicas de traición a la patria en tiempos de guerra y terrorismo). Igual: podemos estar de acuerdo o no, pero de todas formas no habrá pena de muerte. La diferencia con el ejemplo anterior, radica en que en nuestro caso cambiar la legislación para que la pena de muerte exista, es un asunto más que complejo.

Jurídicamente hablando, no solo habría que cambiar la Constitución, sino además desconocer Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica), en la que expresamente se prohíbe extender la aplicación de la pena de muerte a delitos a los cuales no se la aplique actualmente, es decir violación de niños, por ejemplo.

Me llamó la atención, cuando el Gustavo Gutiérrez señaló que nuevamente estamos debatiendo el tema como lo hicimos hace 15 años atrás. Creo que el autor se quedo corto. Basta revisar la historia del Perú, y notaremos algunas curiosidades. Desde el inicio de nuestra vida republicana, y a través de los años, los hechos que atraen la atención de la gente han sido siempre los mismos: procesos electorales acompañados con desmanes y actos de violencia, debates sobre reforma constitucional, debates sobre reforma del poder judicial, democracia, superación de la pobreza y claro....discusiones sobre la pena de muerte. Y es que los problemas no cambian. Y no cambian porque no son solucionados. Después de algún tiempo, las discusiones quedan enterradas en el olvido, sin que se hayan solucionado los problemas que le dieron origen, solo para ser desempolvadas años más tarde cuando la situación política lo amerita.

Y cuando digo que la situación política lo amerita, hago alusión a la ambición del voto popular. Los políticos que están a favor de la pena de muerte, muchas veces saben que jurídicamente, la pena de muerte no se podrá implantar en el Perú, con la misma facilidad con la que la promueven. Pero la demagogia no entiende razones. No importa que no se pueda, si voy a obtener el voto, deben pensar algunos inescrupulosos -que no son pocos-. Al final, luego de la elección, y de alterar un poco las aguas del debate, la calma finalmente llegará y la discusión quedaría una vez mas sepultada, sin que se haya solucionado el tema que lo originó (la violación de niños, en este caso).

Los políticos más osados, intentan construir interpretaciones alambicadas, para sustentar jurídicamente la factibilidad de modificar la regulación de la pena de muerte. Así se ha llegado a decir incluso que como el Pacto de San José, se firmó cuando se encontraba vigente la Constitución de 1933 (en la cual sí se permitía la pena de muerte), sí sería posible modificar la regulación actual. Pero, una vez más: pura demagogia. El propio tratado señala de manera expresa que no se restablecerá la pena de muerte en los Estados que la han abolido. Como Perú, con la Constitución de 1979 y la de 1993, abolió la pena de muerte para casos distintos a los de traición a la patria en situación de guerra y terrorismo conforme a la legislación especial, la pena de muerte por otros motivos, no se podrá reestablecer.

Por último los más radicales proponen denunciar el tratado y alejarse de él. Pero creo debe primar la cordura y preguntarse ¿valen tanto los votos, como para poner en peligro la ya deteriorada imagen del Perú a nivel internacional, en cuanto al tema de derechos humanos? Muchos creerán que la protección de los derechos humanos es un asunto meramente romántico. Y una vez más: realidad versus demagogia. No importa nuestra posición respecto de los derechos humanos. La comunidad internacional los exige. Podemos estar de acuerdo o en desacuerdo, pero lo cierto es que si los desconocemos, las repercusiones podrían resultar negativas. Y no se trata solamente de una cuestión formal. El tema de los derechos humanos son tomados en cuenta por los inversionistas al momento de decidir sobre potenciales lugares de inversión. No olvidemos que la libertad (de empresa), propiedad, el trato igualitario (entre inversiones nacionales y extranjeras), son también derechos que si no pueden ser protegidos (por medio de un debido proceso), no serán arriesgados: nadie invierte en lugares en donde sabe que habrá una pérdida segura.

Creo que es importante tomar el tema como lo que es: una discusión política. Nada más que eso. Una discusión política sustentada en dogmas ideológicos, en el mejor de los casos, y en la búsqueda de votos, en la mayoría de ellos. Una discusión política que probablemente terminará por ser olvidada sin que se haya cambiado algo el sistema. Una discusión política que se alimenta del escándalo y de apasionamiento de las multitudes. Una discusión política que usa como principal arma la demagogia. Los temas jurídicos son relativamente claros: no se puede implantar la pena de muerte en el Perú. Pero eso no importa, la discusión seguirá su rumbo, hasta que sea –una vez más- olvidada... hasta nuevo aviso...

 

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